Nuestra cita

Fake news is cheap to produce. Genuine journalism is expensive. Toomas Hendrik.

 

 

El artículo

MANIPULAR

07/09/2026


En el campo de las ciencias sociales, los expertos definen el acto de manipular como la acción deliberada realizada por un sujeto activo (persona, grupo, colectividad, etc.) que tiene como propósito influir o controlar la voluntad de otra persona en beneficio propio. Esto se puede hacer de varias maneras, incluidas la seducción, la coacción, la sugestión o el chantaje.

Siempre ha existido manipulación allí donde se ha conformado un grupo humano. La capacidad de pensar de nuestra especie ha producido grandes avances, pero también ha generado desviaciones diversas. Ésta es una de ellas.

Ahora le llaman “fake” creyendo que se han inventado algo. Es una cursilería más, como poner “bakery” a una panadería. Lo difícil es identificar lo verdadero de lo falso, sobre todo porque los medios de información (los convencionales y los nuevos) han contribuido a la confusión. Bien es cierto que esos medios sobreviven porque están bien engrasados por la propiedad (sea esta pública o privada) y no hacen más que seguir las instrucciones. Si alguien cuestiona el canon, se le saca del circuito y basta.

Cada día lanzan mentiras al mercado o cocinan verdades a su gusto y manera. Ejemplos los tenemos a montones. Además, en la manipulación son groseros, en el sentido de falta de delicadeza. Si la audiencia prestara más atención descubriría sus artimañas. Pero desgraciadamente la mayoría no se enteran, como no se enteró la población de una culta Alemania cuando el sibilino líder nazi Joseph Goebbels desarrolló en 1935 una bien orquestada propaganda ideológica.

Fijémonos en un dato sencillo. En Alemania hay muchos partidos, pero cuando se los cita no se les añade ninguna etiqueta. No se dice, por ejemplo, el partido de derechas Unión Demócrata Cristiana, el partido de centroizquierda Socialista, el partido de centro Democrático Libre. No se dice porque nadie tiene el derecho de etiquetar a un partido político, a no ser que se quiera – como es el caso – demonizar a alguien. Porque estamos hartos de oír que Alternativa por Alemania es un partido de extrema derecha.

Lo mismo sucede en Francia, donde el único partido al que se añade un atributo es el partido que preside la señora Marine Le Pen (Frente Nacional). Nos repiten constantemente que es un partido de extrema derecha. El resto de los partidos no sabemos que venden. De hecho, ni ellos lo saben. Lo que sí sabemos (por sus obras los conoceréis) es que el presidente de Francia señor Macron lleva años impulsando una guerra en un país ajeno (Ucrania) y dedicando recursos económicos procedentes de los impuestos de los ciudadanos franceses, para apoyar a un régimen cuyos signos de distinción no es que sean de extrema derecha, sino que son directamente fascistas. Para ahondar un poco en esto, solo hace falta revisar los últimos homenajes que el gobierno que preside el señor Zelensky ha dedicado a sus héroes nacionales fallecidos.

Y si nos quedamos en el territorio más próximo (el caso de Catalunya), el único partido catalán que goza también de calificativos específicos es Aliança Catalana, que también señalan con el dedo y denuncian como partido de extrema derecha. Partidos de origen catalán como Esquerra Republicana, Junts per Catalunya, Catalunya en Comú o la CUP no tienen etiqueta. No nos dicen cada día “el partido de centroderecha Junts per Catalunya…”. Los otros partidos, que son delegaciones regionales de partidos de cobertura estatal (PSOE, PP o Vox), se libran de la “maldición”, aunque muchas veces los medios hacen un aparte con Vox.

Los estudios serios de sociología política (como los que ha hecho a lo largo de los años el sociólogo Ricardo Romero de Tejada), nos dicen que apenas un 5% de la población se lee los programas de los partidos políticos. No conocen sus proyectos. Votan por afinidades, por el “look” del candidato o candidata, por lo que les cuentan en los medios, por el folklore de los mítines, por el bocadillo de las fiestas o porque sí.

La conciencia política no se adquiere en un mercado dominical. Hay que trabajarla, contrastar ideas, distanciarse emocionalmente. Hay que razonar.

Si el entorno político es además muy confuso, la decisión del voto se trivializa. Pensemos, por ejemplo, que el partido más belicista de Alemania, más proguerra contra Rusia es “Alianza 90/ los Verdes”, un partido supuestamente de centroizquierda, pacifista y ecologista. ¿Cómo se puede conjugar todo esto?

Decía Ted Bates, uno de los padres de la publicidad “made in Madison” (por el nombre de la avenida de Manhattan donde estaban las grandes agencias), que la fórmula era simple: repetir y repetir una “única proposición de venta”. No dispersar el mensaje. Los manipuladores que nos acosan lo han aprendido al pie de la letra.

Si quieren saber los proyectos de Alternativa por Alemania, el Frente Nacional francés o Aliança Catalana, léanse primero sus programas políticos y luego, si es el caso, analicen sus actuaciones en los territorios donde ejercen el poder político. No prejuzguen. Limítense a juzgar con conocimiento de causa.

Yo hace años que puse un “cordón sanitario” a los medios de comunicación españoles y catalanes. Como recomendaba hace mucho tiempo el doctor Andrew Weil en Estados Unidos, una dieta de “telediarios” es una muy buena dieta. Olvídese de esa basura. Se sentirá mejor.

 

 

 

 

PDF
Alf Duran Corner

Fondo documental